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Patrocina un músico

La excelencia musical y una formación integral hacen parte de nuestro quehacer institucional. Los invitamos a conocer la historia de estos niños y jóvenes y a vivir con ellos su amor por la música.

Actualmente me desempeño como trompetista principal en la Orquesta Sinfónica de Antioquia, y por cuestiones económicas no he podido realizar mis estudios profesionales en música con énfasis en trompeta, que es lo que más he deseado. Todo mi conocimiento en trompeta es gracias a la formación que la Orquesta Sinfónica de Antioquia me da con clases individuales y colectivas de trompeta y la práctica orquestal que allí realizo desde hace casi 5 años, además del breve proceso que tuve en la Fundación Nacional Batuta donde inicié como trompetista a los 18 años de edad, y algunas clases maestras y campamentos a los que he tenido la oportunidad de asistir. Tengo 25 años y soy consciente de que ya es hora de definir mi futuro.

Para mi gran fortuna he sido aceptado en tres instituciones norteamericanas a las cuales me presenté: Northeastern State University en Tahlequa, Oklahoma; Universidad de Wyoming en Laramie, Wyoming; y en el Longy School of Music of Bard College en Boston. Lastimosamente, esta última debí descartarla inmediatamente ya que, a pesar de haber recibido una muy buena oferta de beca, no era completa y lo que me restaba por pagar aún seguía siendo demasiado para mí y mi familia, además quedaban sólo un par de días para aceptar el cupo y la oferta de beca, y pagar el costo restante. En las otras dos universidades también me han ofrecido becas, en una del 40% y en la otra del 10%, ambas por un año con posibilidad de renovación, lo que significa asumir el costo restante.

También considero que estudiar en la Universidad Eafit es una excelente opción y aún más tras la reciente vinculación del maestro Fernando Avendaño, trompetista principal de la Sinfónica Nacional de Colombia, considerado como uno de los mejores (si no el mejor) trompetistas de Colombia, además destacado y reconocido nacional e internacionalmente. Estudiar en esta universidad y bajo la enseñanza de un maestro de tan alto nivel supone para mí una gran motivación y garantía de que recibiré una educación de alta calidad que será definitiva para llevar a cabo mi sueño de ser un gran trompetista.

Hoy en día, no cuento con los recursos para asumir el costo mis estudios profesionales y es por esto que me dirijo a usted a través de esta carta, con la intención de solicitar algún apoyo económico que contribuya a la realización de mi sueño de prepararme para ser un gran trompetista.

A los ocho años cuando vi a la Banda de Girardota en una retreta yo le dije a mi mamá que quería ser músico. Cuando ingresé a la Escuela de Música del municipio pasé por muchos instrumentos pero ninguno era para mí; sin embargo, yo insistía en que quería ser músico sin importar qué, hasta que un día un profesor me mostró una tuba saxófono, yo abrí los ojos y pensé “esto fue, esto es lo único que quiero”, y empecé a tocar. Hace seis años me vine a estudiar a Medellín e ingresé a la Orquesta Sinfónica de Antioquia, en donde estoy actualmente como tubista.

Yo creo que tener un instrumento propio es fundamental para cualquier músico y más cuando se trata de un instrumento como la tuba. Aquí, en Medellín, es complicado que estudiés tu instrumento cuando no lo tenés, no hay oportunidad de practicar mucho, y además, en todas partes no te prestan un instrumento tan costoso. Tener una tuba propia, significa, avanzar mucho más, ser mejor músico y tubista, porque eso implica más facilidad para estudiar, para practicar. Es como cuando estás en el Colegio y tenés tus propios libros, si sos disciplinado y juicioso, podés ir a tu casa y sentarte a estudiar tranquilo porque tenés con que, no tenés que esperar a que otras personas terminen de estudiar para vos poder empezar a estudiar, es tu material de trabajo y es necesario, por que si no lo tenés entonces, ¿cómo vas a poder estudiar?

Elegir entre el fútbol o la música fue una de las decisiones más difíciles que tuve que tomar cuando apenas tenía 10 años, porque en mi casa me insistían en que no podía descuidar el colegio, y como yo ya me había enamorado escogí la música. De todas maneras, cuando tenía 12 años descuide un poquito los estudios porque le dedicaba más tiempo a la música, pues en mi casa todavía estaba la condición de que debía ser bueno en el colegio para poder seguir estudiando lo que me gustaba. Todos los días tenía clase en una de las escuelas de la Red de Escuelas de Música de Medellín: de lenguaje, coro, teoría, banda y expresión corporal.

Soñaba con ser como Lissa Simpson y por eso cuando me preguntaron qué instrumento quería tocar, yo no lo dudé, escogí el saxofón. Para tocar ese instrumento, se necesita de una caña y adquirirla nos pidieron que lleváramos un monto de dinero, pero yo no pude llevarlo y entonces no pude tocar saxofón. El profe me vio tan decaído que me dijo que, como yo tenía muy buenos pulmones, me iba a entregar otro instrumento que era único y diferente a los demás instrumentos de bronce, en ese momento me pusieron en las manos un estuche largo que contenía un trombón.

Ese primer momento con el trombón fue desmotivamente, con todas esas varas y tan diferente a los otros. Pero seguí estudiando, tocando, y poco a poco me fui enamorando de él, eso no fue amor a primera vista, pero sé ahora que es amor de verdad. Durante nueve años toqué en la Red y luego me presenté a la Universidad de Antioquia, de donde me tuve que retirar para trabajar y responder económicamente por mí mamá; sin embargo, sigo con el trombón porque eso, y mi familia, es lo que me mueve. Desde el 2011 hago parte de la Orquesta Sinfónica de Antioquia donde he aprendido y he tenido la oportunidad de viajar y conocer otras culturas y métodos de enseñanza que me han abierto la mente. También hice parte de la Filarmónica Joven de Colombia 2014-2015, que realizó una Gira Internacional de Verano que incluyó diferentes lugares en Colombia y los Estados Unidos.

Mi mayor sueño es ser maestro en Trombón Bajo, y para eso necesito dos cosas: seguir estudiando y preparándome más y más y tener un buen trombón bajo propio que me permita lograrlo.